El primer criterio es la ocasión. Para una despedida o una fiesta, suelen funcionar mejor los packs, botes o formatos con varias unidades, porque nadie quiere repartir una sola piruleta como si fuera una reliquia medieval. Para un regalo de pareja, una latita bonita, unos caramelos con mensaje o un formato más cuidado pueden quedar mejor. Y para una broma entre personas con mucha confianza, puedes permitirte algo más gamberro, siempre que el público esté en el ajo.
El segundo criterio es el tipo de experiencia que buscas. Si quieres algo para compartir entre risas, las piruletas, caramelos con forma y cajas de broma van directas al grano. Si te apetece algo más sensorial, mira los sabores, el frescor de la menta o los productos con efecto chispeante según el modelo. Y si lo tuyo va de postre con espectáculo, quizá quieras completar el plan con golosinas divertidas o con algún juego que ponga normas, retos y excusas para acercarse.
El tercer criterio son los ingredientes. Revisa si llevan azúcar, edulcorantes, gluten, lactosa, frutos secos, colorantes, alcohol o aromas concretos. Parece poco sexy hablar de etiquetas, lo sé, pero una alergia no es precisamente el giro de guion que buscamos. En productos alimentarios, especialmente si vas a compartirlos en grupo, lo elegante es avisar y dejar que cada persona decida. Pícaro sí; irresponsable, ni en rebajas.